lunes, 23 de julio de 2012

EL CHALÉ

Se entremezcla poco a poco un ruido rítmico y tronante en mis sueños. La almohada vibra. Me despierto en la oscuridad desorientado y pasan unos segundos hasta que me doy cuenta de que se trata del despertador.

Aun en la oscuridad, saboreo el gusto de la noche anterior. La boca como un zapato. Sabor a tapas, sabor a noche, sabor a amigos, a reencuentro, sabor a whisky, sabor que mata. Resaca. Borrosos los recuerdos de la noche anterior. Me incorporo sobre la cama y a tientas busco las gafas. Subo la persiana y la luz cegadora de un radiante sol de verano llena la habitación por la mañana. Al abrir la ventana parte del 'yo' de la noche anterior se escapa, pero a su vez se renueva el que queda con el aire que entra en la habitación.


Sol, calor.
La sobrina, la abuela, la familia. Conducir el coche comentando con mis padres a quién vi la noche de antes.'¿Y qué coño hacéis hasta las tantas de la mañana?' . Hermana y sobrina discutiendo por ir apretadas atrás. La radio. La carretera. El carril de tierra. Los baches.
Mis primos. Mis tios. La abuela. La casa. Las chinas. Todo está igual. Bueno todo no, la piscina parece más pequeña. Hay más coches que antes. Algunos son nuevos y otros faltan.

Un baño para espabilarse. Comida familiar. Picoteo. Muchas tapas. La tortilla de la abuela. Sus cocretas de pescado. La Fórmula 1 en la tele. Sangría o 'cuerva' para beber. Lanzarle un corcho, una chapa o un hueso de aceituna a alguien. Ponernos al día.

La obligatoria siesta en el césped, a la sombra del níspero. 'Hasta que no hagais la digestión no os bañais!'. El perro, ladrando. El café. Las pastas. Las conversaciones. Piscina. Saltos. De cabeza y de bomba, mortal hacia delante y hacia atrás. Panzazos. ¿La merienda? Tortas de azúcar y de manteca, ochíos y magdalenas de las buenas, las de la abuela.

El paseo de las mujeres a media tarde y el cubalibre de los hombres con las cartas. Se echa de menos el sonido del golpe de los nudillos sobre la mesa del abuelo. Una partida de ajedrez. La huerta con papas, tomates, habas, la higuera con higos chumbos.
Las pipas. El cubo como papelera y todos alrededor. Los chistes. Buen ambiente, buena gente. 

¿La cena? Tortilla, y sobras del mediodía. Frío. La toalla por encima de los pequeños durmiendo. El cielo. Oscuridad. Las estrellas. Casiopea, los satélites y lo que no son satélites. Cuarto Milenio.
Despedida. Besos, deseos y abrazos. Oscuridad. Cansancio. Polvo y arena en el carril. Luces de colores. El Larguero en la radio con José Ramón de la Morena.

Calor en la piel. Picor en los ojos. Cansancio.
La casa, mi casa. La cama, mi cama.





miércoles, 13 de junio de 2012

SOLSTICIO DE VERANO EN LA SINAGOGA DEL AGUA

        La etimología de la palabra solsticio viene del latín ‘solstitium’, ‘sol’-‘statum’, es decir, sol estático. La duración de las horas de luz del día y la altitud del sol con respecto a la tierra son máximas o mínimas respecto a cualquier otro día del año. Ocurre anualmente alrededor del 21 de junio y el 21 de diciembre. Esto provoca que en este día el sol esté sobre el horizonte durante 12 horas en el Ecuador de nuestro planeta, o que en los polos (según sea junio o diciembre), nuestra estrella se mantenga bajo el horizonte las 24 horas del día.
       Más allá del rigor físico al que responde un día como este, la magia y el aurea de misticismo que lo envuelve se puede apreciar en la Sinagoga del Agua de Úbeda. El año pasado tuve el privilegio de asistir a tal evento, el cual recomiendo encarecidamente.
       Por la orientación de la calle Roque Rojas y del edificio hacia el Este, cuando se abren las puertas de lo que en un momento fue la entrada a la Sinagoga, el sol pacientemente se va alineando con el vano de la entrada, y atravesando el testigo de vidrio ubicado en el forjado de la sinagoga, incide directamente sobre el ‘miqweh’, reflejándo los rayos de luz en el agua e iluminando toda la estancia. Mágico.

En los próximos días se repetirá la ocasión de presenciar tal evento.